Cada año, más de 800 mil personas se quitan la vida y muchas más intentan hacerlo. Cada suicidio es una tragedia que afecta a familias, comunidades y países. El suicidio tiene efectos duraderos para los allegados del suicida. El suicidio se puede producir a cualquier edad, pero en 2012 fue la segunda causa principal de defunción en personas de 15 a 29 años en todo el mundo.

 

No se pueden prevenir todos los suicidios, pero sí la mayoría. Tanto a nivel comunitario como nacional, se pueden tomar varias medidas para reducir el riesgo, entre ellas las siguientes:

 

  • Reducir el acceso a los medios para suicidarse (pesticidas, medicamentos, armas de fuego, etc.).

 

  • Tratar a las personas con trastornos mentales, y en particular a quienes padecen depresión, alcoholismo o esquizofrenia.

 

  • Seguimiento de los pacientes que han cometido intentos de suicidio.

 

A un nivel más personal, es importante saber que sólo un escaso número de suicidios se producen sin aviso. La mayoría de los suicidas dan avisos evidentes de sus intenciones. Por consiguiente, deben tomarse en serio todas las amenazas de autolesión. Además, la mayoría de las personas que intentan suicidarse son ambivalentes y no buscan exclusivamente la muerte.

 

Muchos suicidios se producen en una fase de mejoría, cuando la persona tiene la energía y la voluntad para convertir sus pensamientos desesperados en una acción destructiva. 

 

No obstante, una persona que alguna vez haya tratado de suicidarse no tiene por qué estar necesariamente siempre en riesgo. Los pensamientos suicidas pueden reaparecer, pero no son permanentes y en muchos casos no vuelven a reproducirse.

 

Fuente: Organización Mundial de la Salud (http://www.who.int/)

 

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