La ansiedad es una emoción normal que todos las personas hemos experimentado, forma parte de mecanismos básicos de supervivencia y es una respuesta a situaciones del medio que nos resultan sorpresivas, nuevas o amenazantes. 

 

Una reacción de ansiedad normal sería por ejemplo los hormigueos en el estómago cuando vamos a una cita importante, la tensión que se siente cuando el jefe está enojado, la taquicardia cuando nos sentimos en peligro. 

 

La ansiedad incita a actuar, a enfrentarse a una situación amenazadora o nos prepara para escapar. Es decir, se trata de una emoción encaminada a la adaptación y la preservación, nos ayuda a enfrentarnos a situaciones estresantes para tener el mejor desempeño.

 

Sin embargo, como toda función de un sistema del organismo, este mecanismo que normalmente debe ayudar a enfrentarnos a una situación puede verse alterado, resultando esto en una  respuesta desadaptativa que ocasiona disfunción en la vida cotidiana, en otras palabras, un trastorno de ansiedad.

 

Un trastorno de ansiedad es una enfermedad que tiene como síntoma central una ansiedad intensa, desproporcionada, persistente y que afecta en varias áreas la vida cotidiana de quien la padece, a tal grado que le dificulta o le incapacita para estudiar, convivir con su familia o con sus amigos.

 

Los síntomas físicos y emocionales de la ansiedad son: preocupación, sudoración, temor, tensión muscular, inseguridad, palpitaciones, dificultad para tomar decisiones, taquicardias, miedo, temblores, pensamientos negativos sobre uno mismo, evitación de situaciones temidas, pensamientos negativos sobre la actuación con otros; comer, beber, fumar en exceso; dificultades respiratorias; dificultades para pensar, estudiar o concentrarse; sequedad de boca, ir de un lado para otro sin una finalidad concreta, dolores de cabeza, llorar desconsoladamente y con bastante frecuencia, mareos, quedarse paralizado, náuseas, intranquilidad motora (movimientos repetitivos, rascarse, tocarse, etc.), tartamudear.

 

Los trastornos de ansiedad son difíciles de reconocer con frecuencia y muchos de quienes los sufren se avergüenzan y no piden ayuda o ignoran la realidad de que éstos pueden ser tratados efectivamente. Por ello, es importante que la familia y personas cercanas estén al tanto de todo el proceso de cambio por el que pasa un adolescente.

 

Fuentes: Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente Muñiz, Centro de Psicología de Madrid

 

COMENTARIOS

 TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR: